- 2 g de matcha ceremonial o de primera cosecha (1 cucharadita al ras)
- 60 ml de agua caliente a 70–75 °C (nunca hirviendo)
- 180 ml de leche de avena, entera o de almendras
- Hielo para versión fría, o leche vaporizada para versión caliente
- Sirope de agave o miel, opcional
Tamizá el polvo. Pasá el matcha por un tamiz fino directo al vaso o bowl. Evitá grumos desde el inicio — el matcha se apelmaza con la humedad del ambiente.
Agregá el agua caliente. Usá 60 ml a 70–75 °C. El agua demasiado caliente quema los compuestos del matcha y genera un amargor innecesario. Un termómetro de barra resuelve esto.
Emulsioná hasta espumar. Con un batidor eléctrico o chasen (batidor de bambú), batí en movimientos de W o zig-zag por 20–30 segundos hasta obtener una espuma verde uniforme sin grumos.
Agregá la leche. Para versión fría: llenás el vaso con hielo, volcás la leche y luego el shot de matcha encima. Para versión caliente: vaporizá la leche a 60 °C y vertí sobre el matcha emulsionado.
Servir de inmediato. El matcha emulsionado se asienta en minutos. No prepares con antelación — la textura y el color cambian.
- La calidad del matcha define el 80% del resultado. Un polvo de segunda cosecha va a amargar más, independientemente de la técnica.
- La leche de avena barista es la que mejor sostiene la emulsión y complementa el umami del matcha sin taparlo.
- Si tu cliente pide sin azúcar, probá con matcha de primera cosecha — el dulzor natural es suficiente.